¿Por qué odio tener un pene enorme?, es el llamativo título de un relato autobiográfico de un superdotado norteamericano que invita a más de una reflexión. La primera e inmediata es considerar que el mundo está muy mal repartido, que hay personas que se quejan de llenos o que Dios le da un pañuelo a quien no tiene mocos. Da igual la fórmula que utilicemos, pero resulta sorprendente que en esta época en la que nos ha tocado vivir, en la que tantos hombres viven acomplejados por el tamaño (normal) de su pene o no dudan en someterse a torturas inquisitoriales para conseguir un par de centímetros más en tan preciado apéndice, haya fenómenos que sufran en silencio por su condición sobrenatural.
Los amantes de los deja-vu recordarán el caso del hombre con el pene más grande del mundo, Jonah Falcon, que en aquel momento se encontraba sin trabajo y comentaba en una entrevista los problemas ocasionados por su pene en sus relaciones con el resto de seres humanos. No sólo las sexuales, porque inevitablemente nadie le mira a los ojos cuando lo conocen. Ahora bien, el autor de ‘¿Por qué odio tener un pene enorme?’ realiza un desgarrador relato. Eso sí, plagado de anécdotas y situaciones embarazosas. Al recordar con candor cómo perdió la virginidad con una compañera de instituto, el acomplejado superdotado afirma que no puede olvidar las risas de sus compañeros de clase cada vez que lo veían. Se conoce que ella se fue de boca al contar con todo lujo de detalles sus extraordinarias características anatómicas. También comenta con crudeza lo complicadas y dolorosas que suelen ser sus relaciones sexuales (el sexo anal es terreno vedado) y cómo el uso del preservativo, incluso los XL, es una tortura china porque lo oprimen más ‘que las cadenas a Houdini’.
En definitiva, el rosario de situaciones incómodas y complicadas que ocasionan a este sufrido superdotado sus generosas dimensiones genitales resulta bastante chocante para aquellos a quienes la naturaleza ha tratado de manera más vulgar. Aunque me quedo con una gran frase con la que termina su relato: ‘No es que odie a mi pene grande. Odio lo que supone para el resto de la gente tener un pene grande’. Da que pensar. Pobre.

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